Tai Chi Chuan: una disciplina filosófica milenaria con efectos terapéuticos
Desde el enfoque de la Medicina Tradicional China, el Tai Chi Chuan es una indubitable herramienta que preserva o mejora la salud. El foco es puesto en la totalidad del hombre: lo externo y lo interno.
El hombre y el microcosmos que lo compone
Desde la perspectiva de la medicina tradicional china, el hombre es considerado como un microcosmos reflejo del macrocosmos, es decir, del Universo, con idénticas leyes y regidas por los mismos mecanismos: El de la vida sobre la tierra y el de los astros sobre el cielo.
La salud de una persona es el resultado de equilibrios de dos fuerzas opuestas y complementarias, el yin y el yang, negativo y positivo, la luna y el sol, enfrentadas en todas las manifestaciones de la naturaleza. Estas fuerzas, energías (bioelectricidad) o chi circulan por el cuerpo a través de canales o meridianos denominados Ching en un periodo de 24 horas el chi circula dos veces por los canales del cuerpo.
Si la distribución de estas energías son perturbadas, se modifica el flujo de energía y se experimentan trastornos por exceso, desborde, carencia o bloqueo de chi, provocando la aparición de síntomas o lesiones produciendo desde una molestia hasta una enfermedad crónica.
Rango jerárquico del Tai Chi Chuan en el marco de la Medicina Tradicional China y otras prácticas curativas.
"Cuidar lo que no está enfermo aún es propio de un obrero superior. El obrero mediocre cuida solamente lo que está enfermo " declaraba Píen Tsio en el siglo V a. C. Esta sentencia de lenguaje casi críptico se la puede simplificar conceptualmente con la siguiente frase: "la medicina común cura enfermedades, la superior las previene".
Antiguamente, y comparativamente con Occidente, cuando Europa empezaba a despertar a un proceso incipiente médico, China, con una cultura de 5000 años de historia, ya trabajaba en Salud con un sistema organizado, incluyendo intervenciones quirúrgicas con ¡anestesia!, Lograda mediante la utilización de acupuntura (hoy reconocida por el Ministerio de Salud como práctica médica).
El Tai Chi Chuan, de rigor y jerarquía terapéuticos indiscutidos, forma parte de los pilares fundamentales de la Medicina Tradicional China. Por su evidente efecto curativo, su práctica ha ido acrecentándose casi en forma exponencial desde su ingreso a Occidente, a mediados del siglo XIX. Europa, EE.UU., América Central, América del Sur cuentan hoy con numerosas y destacadas escuelas donde se imparte el conocimiento del Tai Chi en sus distintos niveles.
Dentro del gran tesoro de la Medicina Tradicional China cabe destacar también otras prácticas tan valiosas como las mencionadas anteriormente: El Chi Kung, la moxibustión , la electroacupuntura, la quimiopuntura, la digitopuntura, la auriculoterapia, el masaje Tuei Na entre otros tantos que interactúan o se complementan en los tratamientos para la recuperación de la salud.
En la actualidad 6 de cada 10 personas son curadas con la aplicación de estas líneas médicas dando testimonios en hospitales, centros de investigación, universidades con datos estadísticos en tratamientos sobre recuperación cardiovascular, en el sistema nervioso central en los procesos en recuperación de trastorno vestibular (equilibrio), en los tratamientos de artrosis, esclerosis múltiple, y con trastornos de pánico, ansiedad, fobias etc. . Dato estadístico, contundente y probatorio sobre la importancia de estas terapias ancestrales chinas que centran al hombre en su compleja totalidad.
Tai Chi: una barrera contra anomalías silenciosas que acechan nuestro cuerpo.
Dentro del conjunto de las mencionadas vías terapéuticas para la recuperación de salud, el Tai Chi Chuan es considerado como vehículo de profundización y cambio no solo en el ámbito físico, el cual puede ir logrando transformaciones preelaboradas de coordinación, relajación, concentración etc. sino también un cambio gradual a niveles internos que permita entender las barreras que obstaculizan la calidad de la salud tales como depresión, estrés, ansiedad puesto que mientras no se comprenden o "digieren" estas barreras van deteriorando la armonía vital.
Cuando el proceso de transformación- comprensión es nulo, nuestras manifestaciones externas, dentro de las capacidades normales de vida, se verán progresivamente limitadas o, en algunos casos, anuladas por completo.
Debemos, entonces, comprender que nuestra estructura y morfología corporal determinan también nuestro comportamiento.
Lo interno y externo, se reflejan y se van complementando produciéndose así una definición de lo que pensamos, de lo que sentimos, el modo en que nos movemos y expresamos. Nuestra proyección de salud-enfermedad transcurre por nuestra vida dando testimonios visibles.
Pedimos soluciones a lo exterior y por esta tendencia restrictiva general de nuestro comportamiento dejamos de lado lo interior, lo que va a provocar inexorable e irremediablemente una escisión en nuestro microcosmos que impedirá llegar a comprender, transmutar y sanar.
En nuestro interior psicológico, cuando ésta tiene lugar, manifestamos siempre la necesidad de relatar una historia de nuevas enfermedades: operaciones, tratamientos, dolores y sufrimientos, que parecieran tender a escala de calidad, a “medallas o trofeos” ganadas. Se diría incluso, que subyacen deseos de “competir” con quién tiene la mejor patología y obtener así, el “primer premio”.
De estas habituales tendencias que atraviesan el diálogo psicológico, surgen interrogantes a los que será fundamental responderse para resignificar la acción terapéutica. Así por ejemplo: ¿Ese gran cartel, esa gran enfermedad, ese gran "título obtenido " es lo más importante y primario a tratar, o por el contrario, es la necesidad imperiosa de hacerse cargo de otros aspectos, y entonces, desde otro lugar, comenzar a corregir ese “gran cartel?" , O incluso es dable pensar si, ¿ no será realmente la manifestación final de una alerta que se estuvo anunciando continuamente durante años y se la desconectaba todos los días como el pulsador del reloj en la mañana?.
En este punto, el Tai Chi se revela para toda esta complejidad como una oportunidad personal y, por ende, única para alcanzar esos niveles de comprensión-transformación profundos individuales. Es un camino de investigación y meditación que ameriza recorrerlo para permitir al cuerpo vivir en forma completa y no fragmentada.
El lenguaje corporal, como vía de relación y respuesta aumenta, acrecentando consecuentemente, la capacidad de comunicación interna-externa, verdadera clave de recuperación de la salud.
El cuerpo tiene memoria, es un archivo que registra a través de los sentidos vista, oído, gusto, olfato y el tacto a través de la piel (el órgano más grande), desde el momento en que fuimos concebidos.
El cuerpo absorbe impresiones de todos los acontecimientos por el que transitamos, desde el estado embrionario captando la bioenergía materna y paterna dentro del útero hasta el proceso del alumbramiento, a partir del cual se expone a escenarios de vida desconocidos y hasta traumáticos.
En el cuerpo quedan registrados los momentos de felicidad, de alegrías, de buenas sorpresas, en el cual las endorfinas se liberan provocando un estado de armonía y salud. De la misma manera, el cuerpo también registra las situaciones traumáticas como enfermedades, operaciones, accidentes, duelos, estados psicológicos, etc. que al no estar “metabolizados” o elaborados, nos dejan secuelas como capas de una historia y en su conjunto refleja nuestro aquí y ahora, con un cuerpo traumatizado, incluso irreconocible, no por su forma sino por lo ajeno a nosotros mismos, por lo distante a nuestro potencial curativo.
Tai Chi: una oportunidad para el autoconocimiento y nuestra rehabilitación
El Tai Chi es una práctica psicocorporal que nos invita a hacernos cargo de nosotros mismos desde un enfoque integral reconociendo que nuestro cuerpo estuvo siempre limitado a pautas y conductas corporales enseñadas por nuestros padres, profesores o terapeutas que nos enseñaron "sus conductas, sus patrones, sus movimientos, su desarrollo". Habida cuenta que nuestra capacidad motriz testigo es de 2.000 movimientos, la rigidez de los músculos alude directamente a nuestra educación. Somos imitadores de los cuerpos y movimientos de nuestros educadores.
Para comenzar un tratamiento es imprescindible hacernos cargo de nuestras falencias pero principalmente de nuestro potencial latente. Éste necesita con urgencia manifestarse. Mientras este principio no sea comprendido no estaremos dándonos la más mínima posibilidad de cura.
El cuerpo por su naturaleza vive en salud, pide salud pero no le damos la oportunidad que la viva lo sometemos a los excesos mas frecuentes mucho trabajo, poco descanso mala alimentación. No obstante pretendemos continuamente entregar nuestro cuerpo al médico u otros terapeutas y que sea éste quien se haga cargo, no nosotros mismos desvinculándonos por completo de responsabilidad.
Según la medicina tradicional china las enfermedades se originan en el exterior del cuerpo, y entran en nuestro cuerpo cuando debilita nuestras defensas o Chi (energía) y por ello el trabajo consiste más, en mantener el cuerpo en estado de salud que andar curando enfermedades, lo cual también es más costoso comprendiendo estas se deben observar desde un punto integral.
Todos estamos en proceso de rehabilitación (volver a habilitar). El Tai Chi ofrece una forma integral y no parcializada de esta rehabilitación individual y constante donde la circularidad, la lentitud de los movimientos, el reconocimiento, el permiso para la movilidad de cada función es importante para darle cabida a otro movimiento y de esa forma ir involucrando a todas las cadenas musculares en una comunión para que todos puedan manifestarse en mayor o menor grado, según la singularidad de cada ser humano.
La universalidad del Tai Chi. El cuidado de nosotros mismos.
Todos, sin excepción, podemos practicar Tai Chi. No importa el peso, la talla, la raza ni la edad. Cada uno de nosotros posee un cuerpo. Todos somos una completa entidad organizada, única e indivisa. Todos sus practicantes son beneficiados con esa magia y esa mística que caracteriza a esta disciplina milenaria china y con la que gradualmente vamos accediendo al camino de la aceptación y de la investigación.
Nuestro cuerpo, tan cercano y enigmático. Hemos nacido y crecido juntos y sin embargo no lo comprendemos ni respetamos. Cuidamos más nuestro coche, conocemos de sus services cada tantos Km; usamos las mejores cremas de belleza y los tratamientos rejuvenecedores más sofisticados, pero no podemos vislumbrar ápices de síntomas, mensajes o disfunciones metabólicas, musculares, psicológicas. En pos de una mayor belleza o lo que el perfil de moda nos exija, sacrificamos nuestra único e irrepetible valioso tesoro: nuestra anatomía.
El Tai Chi nos conduce a una sana retrospección y en ese reconocimiento gradual, podremos, finalmente, ir al encuentro del nuevo cuerpo cuya naturaleza ha sido concebida con armonía y equilibrio y cuya estructura hace que esta armonía y este equilibrio se manifiesten en su máxima belleza.
Tratemos a nuestro cuerpo con la solemnidad y respeto que exige el ingreso a un Templo Sagrado. Él ha sido concebido en comunión con lo superior. Cuidemos y honremos al SER que nos habita y constituye.
Prof. Néstor Asin
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